Cuando echamos la vista atrás y volvemos a nuestra infancia, ¿qué es lo primero que llega a nuestra mente? ¿Cuáles son los momentos que recordamos con mayor nitidez y añoranza?
Son los momentos en los que, de alguna manera u otra, se ha estimulado nuestro cerebro activando aquellos recovecos que serán los que perduren tras el paso del tiempo. Por lo tanto, la activación de estos campos son lo que buscamos en la educación de nuestros niños, persiguiendo la longevidad de estos conocimientos.
Somos conscientes de que cada individuo dispone de unos procesos vitales diferentes, y experimentar, favorece a los mismos. La experimentación respeta estos procesos y abre y aumenta las opciones y/o caminos posibles para un fin o para el crecimiento académico y personal de una persona. En nuestra infancia, hemos de ser nosotros mismos quienes experimentemos para adquirir nuevos conocimientos. Prueba y error o saber el porque de las cosas o el como son como son, son aspectos que favorecerán al aprendizaje. Cada uno de nosotros hemos de experimentar por nosotros mismos para adquirir nuevos conocimientos.
Los adultos somos los responsables de la educación de los menores por lo que desde la más tierna infancia, es nuestro deber que los niños y niñas reciban una educación donde la capacidad de pensar se desarrolle y puedan llegar a entender por si mismo y con nuestra ayuda los fenómenos que les rodean.
Para ello, la metodología de la experimentación será un punto clave para el desarrollo de los niños y niñas.
Fomentar, crear e incentivar a los niños y niñas es nuestra labor y punto clave para favorecer su crecimiento, desarrollo y entender el mundo desde lo palpable, lo tangible y lo que puedan probar, para así ofrecerles una base lo más fuerte posible para llegar a entender, lo que a veces hasta para los adultos es difícil.
Renata Zevallos
Trabajadora social en ONG Recicla-Alicante