Cada 20 de noviembre el mundo detiene su ritmo —al menos por un momento— para recordar algo que debería acompañarnos todos los días: la infancia no puede esperar. El Día Internacional del Niño no es una fecha simbólica más; es una llamada urgente a mirar hacia aquello que define el futuro de nuestras sociedades.
Desde mi responsabilidad como coordinador general de Recicla Alicante, he tenido el privilegio y la angustia de ver de cerca dos realidades que conviven: la sonrisa inocente de quienes todavía creen en un mañana lleno de oportunidades, y la mirada silenciosa de quienes ya han sentido demasiado pronto el peso de la desigualdad.
En España, la infancia atraviesa un momento que merece una reflexión profunda. Según los últimos datos, más de un 27 % de los niños viven en riesgo de pobreza o exclusión social. Son cifras que no solo duelen, sino que nos interpelan directamente como sociedad. Porque detrás de los porcentajes hay rostros concretos: la niña que llega al colegio sin haber desayunado, el niño que nunca ha tenido acceso a una actividad cultural o deportiva, el adolescente que abandona los estudios porque su familia no puede sostenerlo.
Y aunque se hable de progreso, de recuperación económica o de políticas sociales, lo cierto es que la infancia sigue siendo la gran olvidada. No por falta de diagnósticos, sino por falta de voluntad sostenida. En demasiadas ocasiones, las decisiones se toman sin escuchar a quienes más deberían importar: los propios niños.
La brecha social no solo se mide en ingresos, sino también en oportunidades, en acceso a la educación de calidad, en el derecho a crecer en entornos seguros y afectivos. Vivimos en un país que presume de modernidad, pero donde miles de menores aún crecen en viviendas inadecuadas, sin recursos tecnológicos, sin apoyo psicológico, y con un futuro incierto.
Desde Recicla Alicante lo vemos cada día en nuestros proyectos de apoyo escolar, en los programas de acompañamiento familiar, en los espacios de escucha y contención. Los niños no solo necesitan ayuda material; necesitan presencia, empatía y tiempo. Necesitan adultos que crean en ellos y que les enseñen que la esperanza también se construye.
En una sociedad que corre demasiado deprisa, escuchar a la infancia es un acto de resistencia. Detenerse a preguntarles qué sienten, qué sueñan, qué les duele, debería ser parte esencial de cualquier política pública. Porque no se trata solo de protegerlos: se trata de reconocerlos como ciudadanos de pleno derecho, con voz, con identidad y con capacidad para transformar el mundo.
Hoy, más que nunca, necesitamos una mirada nueva. Una que no vea a la infancia como un “colectivo vulnerable”, sino como el verdadero centro de la vida comunitaria. Invertir en la infancia no es un gasto: es la mejor inversión que puede hacer un país.
Por eso, este 20 de noviembre, desde Recicla Alicante reafirmamos nuestro compromiso con cada niño y niña que acompaña nuestros pasos. Trabajamos para que crezcan en un entorno más justo, más humano y feliz. Porque solo cuando todas las infancias sean respetadas, escuchadas y cuidadas, podremos decir que somos realmente una sociedad digna.
Y como dice un proverbio que siempre me acompaña:
“Quien siembra con amor, recoge esperanza.”
Hoy, sembrar amor por la infancia es nuestro deber más urgente.
Mauricio Garcia Jorquera
Coordinador General
ONG Recicla Alicante