Noviembre es el mes de los derechos de los niños y las niñas, un momento para recordar la importancia de garantizar que cada menor crezca en un entorno de respeto, amor y equidad. Teniendo esto en cuenta, es esencial poner especial atención a los niños y niñas con necesidades especiales, quienes día a día se enfrentan grandes desafíos para ejercer plenamente sus derechos.
Todos los niños y niñas tienen derecho de tener acceso a una educación, a la salud, a vivir en familia, a ser alimentados y a una vivienda. Sin embargo, los niños con necesidades especiales se encuentran diariamente barreras de acceso, aprendizaje y participación que hacen más complicado su día a día.
La Convención sobre los Derechos del Niño (1989) y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006) establecen que la inclusión no es una opción, sino una obligación legal de los Estados y de la sociedad.
Como dice Coral Elizondo (2019), la educación inclusiva no es un premio ni un regalo. Es un derecho. Esto significa que, para ella, no es algo opcional o voluntario, sino un principio esencial y obligatorio en la educación.
Los centros educativos tienen que ofrecer recursos pedagógicos, materiales adaptados, personal especializado (maestros en pedagogía terapéutica y de audición y lenguaje así como educadores) para atenderlos con calidad. Esto no solo beneficiará al niño o niña con necesidades sino que fomentará la empatía, la solidaridad y el respeto entre todos los compañeros.
Es hora de cambiar la mirada, la inclusión real comienza cuando dejamos de preguntar qué les falta a nuestros alumnos y empezamos a preguntarnos qué le falta a la escuela.
Paula Marco Almira – Profesora Departamento de Educación de la ONG Recicla-Alicante